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“Cuando se queme este lugar, cuídense”.

Por Milli Legrain – Editora del Blog de National Latino Farmers and Ranchers

Crédito de fotos: Arnold Trujillo

La casa de Daniel Encinias se incendió en abril. Perdió la casa que él mismo construyó en el incendio forestal más grande en la historia de Nuevo México. Desde entonces, Encinias vive con su esposa y sus tres hijas en un tráiler.

Después de trasladar su ganado al sur, ahora tiene que lidiar con inundaciones que traen escombros a su propiedad.

“Todavía se está inundando. Parece una zona de guerra con sacos de arena frente a las propiedades de todos”, dijo en agosto desde su tráiler en el condado de San Miguel.

Las víctimas alzan la voz

Como muchos otros, Encinias está frustrado por la lenta respuesta del gobierno federal a un incendio forestal iniciado por el mismo Servicio Forestal de EE. UU. (USFS por sus siglas en inglés) hace cinco meses, cuando perdió el control de una “quema controlada”, una práctica estándar diseñada para mantener el bosque saludable. El incendio destruyó cientos de hogares en un área mayoritariamente hispana, donde las familias llevan ya generaciones.

Encinias dice que en los últimos meses, una serie de  evaluadores distintos de la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA, por sus siglas en inglés) se han ofrecido repetidamente para realojar a su familia en dos tráileres distintas.

“Están evaluando mucho en lugar de hacer”, dijo en una entrevista con National Latino Farmers and Ranchers.

“Arrojar a mis hijas en un tráiler aparte no es una solución. Así que les dije que no me trajeran nada. Les dije que yo lo haría solo”, recuerda.

En última instancia, quiere que el gobierno pague la reconstrucción de su casa. Pero dice que los $37,000 que terminó recibiendo de FEMA no son suficientes.

Según FEMA, unos 1251 residentes de Nuevo México que, como Encinias, se están recuperando de los incendios forestales e inundaciones, han sido aprobados para recibir $4.8 millones para viviendas temporales, reparaciones o reemplazo de viviendas, propiedad personal y vivienda directa.

Pero Dennis García, otra víctima cuya familia ha estado en el área desde la década de 1830, dijo que FEMA tenía poco interés en ayudarlo cuando el aserradero que  administra desde 1983 en el condado de Mora resultó dañado por el incendio.

Su casa sigue en pie, pero a los 60 años duda que pueda volver a poner en marcha su negocio. “Casi 40 años”, dice. “Y lo único que saqué de este incendio es esta tos”.

García, un exbombero, dice que pasó 28 días combatiendo las llamas él mismo con la ayuda de su sobrina y un camión cisterna. Él cree que puede haber salvado hasta seis casas vecinas del incendio.

Una caja de fósforos a punto de estallar

Funcionarios públicos del condado de Río Arriba escribieron recientemente una carta al Senador Luján de Nuevo México para expresar su indignación y falta de confianza en la capacidad del Servicio Forestal de los EE. UU. para administrar adecuadamente las tierras federales.

El último incendio, conocido como Hermit’s Peak-Calf Canyon, no es el primer incendio forestal iniciado por una agencia gubernamental en Nuevo México. En el año 2000, otra quema prescrita dirigida por el Servicio de Parques Nacionales (NPS, por sus siglas en inglés) se salió de control y destruyó cientos de hogares en el condado de Los Álamos, donde viven cientos de empleados gubernamentales educados y adinerados que trabajaban en el laboratorio que desarrolló la bomba atómica.

En junio, durante una visita a Nuevo México, el presidente Biden se reunió con víctimas como Encinias y su familia y anunció que el gobierno federal cubriría el 100 % de los costos relacionados con la remoción de escombros y las medidas de protección de emergencia.

Hace poco, FEMA declaró que “los residentes afectados por los incendios forestales, las inundaciones, los flujos de lodo y los flujos de escombros” tienen hasta el 7 de octubre para solicitar Asistencia Individual.

Pero numerosas víctimas, trabajadores del estado, gobiernos locales e incluso  miembros del Congreso se han pronunciado en contra de una respuesta del gobierno federal que consideran insuficiente.

Ron Ortega, ganadero y exempleado del Departamento de Agricultura de EE. UU. (USDA), tuvo que vender su ganado después de que su propiedad fuera dañada por los incendios y le cuesta creer que todavía no exista un sistema para indemnizar a las víctimas: “ Hace 22 años, el Servicio de Parques Nacionales quemó partes de Los Álamos en el incendio de Cerro Grande. Los mismos errores que se cometieron en ese incendio se cometieron en este. Parece que nadie prestó atención”.

En el año 2000, la administración de Bill Clinton gastó más de $240 millones en compensación y mitigación para personas, empresas, gobiernos tribales y otros en el marco del Programa de Asistencia para Incendios de Cerro Grande.

Un rayo de luz

Hoy, existe un rayo de luz en el Hermit’s Peak Fire Assistance Act, una propuesta de ley inspirada en la ley que mandó al gobierno federal a compensar a las víctimas de Los Álamos. La propuesta debe ser sometida a votación en el Senado en  este mes de septiembre.

En una entrevista telefónica con National Latino Farmers and Ranchers, un vocero del Senador Luján, uno de los principales patrocinadores del proyecto de ley, dijo: “El gobierno inició este incendio y por lo tanto le corresponde al gobierno federal compensar a los nuevomexicanos y asumir la responsabilidad por ello. ”

Muchos locales sienten que gran parte del daño y sufrimiento podría haberse evitado si se hubiera tomado en cuenta el conocimiento indígena en la planificación del gobierno. “Nadie en su sano juicio enciende un cerillo aquí en marzo, abril o mayo”, dice Ron Ortega, propietario y administrador del rancho Cañón del Medio con su esposa Cara.

A muchos les gustaría que se tuvieran en cuenta las voces locales en la gestión de los bosques. “Necesitan trabajar un poco más de cerca con las comunidades que viven al lado de las tierras forestales”, dijo Max Trujillo, comisionado del condado de San Miguel.

Ortega dice que su padre y su abuelo le advirtieron hace años que un incendio estaba por llegar. Le dijeron: “Cuando se queme este lugar, cuídense”.

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